26 de enero de 2026

En defensa del más débil

Autor: Fernando Pascual

Una señal de progreso de un pueblo es el esfuerzo por superar las discriminaciones, las violencias y las injusticias hacia los miembros más débiles de la sociedad.

La historia nos muestra que tal progreso no ha sido nunca fácil, que se han dado avances y retrocesos. Millones de seres humanos han sido perseguidos o maltratados de mil maneras, simplemente por ser diferentes, pero, sobre todo, por tener una capacidad reducida de defensa, por ser débiles.

La lista del recuerdo podría ser inmensa. Pensemos en los vencidos después de una batalla: muchas veces quedaban expuestos a todo tipo de violencia por parte de los vencedores. O pensemos en las mujeres en tantos pueblos y culturas, tratadas como ciudadanos de segunda clase, sometidas a infinidad de ultrajes, excluidas de las grandes decisiones de los pueblos, tratadas a veces como esclavas. O en muchos niños, golpeados, mutilados, esclavizados, explotados. O en los esclavos o las personas de una raza o religión diversa, menos “fuerte” que la raza o religión dominante.

19 de enero de 2026

Buscar culpables

Autor: Fernando Pascual

En una ciudad griega del mundo antiguo. Estalla una epidemia. Algunos empiezan a buscar culpables, a señalar a personas concretas como la causa de lo que ocurre.

En el norte de Italia, en el siglo XVII. Ha iniciado una peste terrible. Corren rumores de que hay personas que difunden un polvo contagioso. Algunos son arrestados, condenados y ejecutados de forma cruel.

En una batalla de la Primera guerra mundial. Los enemigos lanzan un ataque a un pueblo de frontera. Salta la sospecha que desde alguna casa un pañuelo traidor dio el aviso a los soldados enemigos. Empieza la cacería de brujas.

12 de enero de 2026

Político real, político aparente

Autor: Fernando Pascual

En tiempos de Platón y de Aristóteles era claro el problema: a veces lo que parece bueno no lo es, y lo que es bueno no lo aparece. Aquí radica la distinción entre apariencias y realidades.

¿Se puede aplicar lo anterior a los políticos? Si la aplicación es realizada correctamente, encontraríamos que hay personas que parecen ser políticos sin serlo, y personas que son políticos sin aparentarlo. Habría, además, personas que no aparentan ser ni son políticos, y otros que lo son y lo aparentan.

El asunto tiene miga, porque en la vida democrática recibe votos quien aparenta ser político (bueno, en seguida añadimos), aunque no lo sea. Así puede ocurrir, y ocurre, que personas incompetentes en economía, inexpertos en los asuntos humanos, carentes del más elemental sentido de justicia, llegan a conquistar más votos por sus apariencias y empiezan a gobernar desde el aplauso entusiasta de sus partidarios.

La realidad, tarde o temprano, sale a la luz. Aquel hombre que tantos votos recibió legisla con arbitrariedad, adopta decretos que dañan la economía, provoca tensiones absurdas, promueve injusticias, persigue incluso a las personas honestas. En definitiva, destruye aspectos irrenunciables para una sana vida social.

Alguno dirá que es difícil que un incompetente logre aparecer como “bueno” y gane votos. Desde la historia de un pasado no remoto, y desde la mirada a un presente nada consolador, resulta más que evidente que a nivel local o nacional hay quienes logran votos sin tener los requisitos irrenunciables para gobernar a favor de la justicia y del bien común.

¿Es superable este peligro? Con gente más madura y más conocedora de los principios básicos de la justicia, con políticos honestos y sinceros, con medios de comunicación amantes de la verdad y con un agudo sentido crítico, sería posible evitar el daño que provocan los políticos aparentes y promover la atención hacia los políticos reales, los que llegan a comprometerse por el bien de la sociedad en general y de quienes forman parte de la misma en particular.

5 de enero de 2026

Alternativas y decisiones

Autor: Fernando Pascual

Puedo salir de casa o quedarme a leer un libro. Puedo llamar a un amigo o dedicar este tiempo a un familiar. Puedo estudiar para actualizarme o ver un vídeo sobre la situación actual.

Ante nosotros hay un número más o menos grande de alternativas. Algunas son casi invisibles: no me pasa por la cabeza que puedo leer un buen libro de filosofía porque nadie me ha hablado sobre él.

Otras alternativas son como un reclamo que me atraen con fuerza porque aparecen una y otra vez, como la propaganda que insiste en que sin esa computadora nueva no podré mejorar el rendimiento en mi trabajo.