Autor: Fernando Pascual
Un médico puede dejarse llevar por las prisas y descuidar su deber de actualizarse. O puede tomarse en serio a cada paciente y vivir en una actitud de estudio permanente.
Un político puede quedar atrapado por los intereses de grupos de poder,
por el miedo a los medios de comunicación, por las ambiciones personales. O
puede orientar su mente y sus decisiones hacia la búsqueda del bien común.
Un periodista puede repetir lo que otros dicen, inventar detalles falsos, añadir comentarios claramente distorsionadores. O puede analizar si una nueva información sea o no sea correcta y buscar caminos para conocer mejor los hechos en su contexto.
Un zapatero puede usar material en mal estado, prestar poca atención a
las costuras, poner los clavos con prisas sin fijarse en los detalles. O puede
esmerarse para que cada zapato sea útil, cómodo y duradero.
La lista de alternativas es mucho más larga. Va desde las cosas más
sencillas (cómo quitar el polvo en casa) hasta las más complejas (cómo
asegurarse que una nueva medicina sea útil y reduzca al máximo los posibles
efectos negativos).
Esas alternativas reflejan un aspecto clave de la condición humana: la
apertura hacia lo malo, con todo lo que ello implica de daños para uno mismo y
para otros; y hacia lo bueno, con todos los beneficios que se producen desde
decisiones acertadas.
Cuando la mente y el corazón dejan a un lado la pereza, buscan
contrarrestar el egoísmo que llevamos dentro, y se orientan a todo lo que pueda
ser mejor para quien actúa y para los demás, emprendemos caminos de excelencia.
En un mundo donde la mediocridad genera tantos daños, donde los odios y
las pasiones bajas destruyen las conciencias, brillan con una intensidad propia
las vidas de quienes desean la excelencia desde el amor a Dios y a los
hermanos.
Porque las personas que siguen caminos de excelencia no se conforman
con lo mediocre, sino que buscan, en las decisiones concretas de la vida
personal, familiar y profesional, aquello que sea lo mejor para uno mismo y
para los demás.
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