Autor: Fernando Pascual
Según la antropología del optimismo, el ser humano es constitutivamente bueno. Su configuración interna, sus pulsiones emocionales y afectivas, sus proyectos más genuinos, sus aspiraciones profundas, están orientadas a lo justo, lo bello, lo grande, lo recto.
Según la antropología del pesimismo, el ser humano es constitutivamente malo. Su configuración interna es caótica, descompensada, anómala. Sus tendencias y sus aspiraciones le llevan al egoísmo, al abuso, a la prepotencia, a la injusticia, a la infidelidad, a lo bajo, a lo feo, a lo mezquino.
En la antropología del optimismo, el mal existe (no podemos ir contra la evidencia de los hechos), pero tiene sus orígenes fuera del corazón humano. Ese mal nacería, entonces, desde la cultura, la sociedad, los influjos extraños a la naturaleza sana y buena que todos encierran en sí mismos pero que no siempre pueden manifestar hacia afuera por culpa de fuerzas externas.