Autor: Fernando Pascual
Intervenir en “la” ciencia, para muchos, sería algo muy grave, porque la ciencia debería disfrutar de la máxima autonomía. En otras palabras, según esta mentalidad, la ciencia no debería tener a nadie por encima de ella.
En realidad, “la” ciencia, al igual que toda idea abstracta, no hace nada, como tampoco “la” arquitectura construye edificios ni “la” medicina cura enfermos. Por eso, cuando se habla de lo que hace la ciencia, la arquitectura o la medicina, nos estamos refiriendo a lo que hacen los científicos, los arquitectos y los médicos.
Corregimos, pues, el foco de mira. ¿Nadie debería intervenir sobre lo que hacen los científicos? En cuanto ciudadanos, deben pagar impuestos, como todos, y respetar las leyes de tráfico, y evitar comportamientos delictivos. Pero, cuando están en su laboratorio, ¿es correcto someterlos a algún tipo de controles éticos y sociales?