Autor: Fernando Pascual
Una constitución “funciona”, como ley fundamental de un Estado, si garantiza, promueve y defiende los derechos fundamentales de todos los miembros de ese Estado y, en lo que sea necesario, también de quienes no son ciudadanos pero pertenecen a la misma familia humana y conviven en el mismo territorio.
Una
constitución, en cambio, deja de tener valor, si permite la existencia de leyes
y de actuaciones no penalizables con las que son violados derechos básicos de
las personas.
Un Estado cuya constitución no es capaz de proteger el derecho a la vida es un Estado que está herido de muerte. Porque la participación en la sociedad sólo es posible desde el respeto a la vida y la integridad de todos. Y porque sin el respeto a la vida están amenazados todos los demás derechos de aquellos seres humanos que pueden ser eliminados a través del aborto o de cualquier forma de asesinato no punible.