Autor: Fernando Pascual
En las grandes dificultades, en los momentos de peligro, en la guerra,
en la enfermedad, entre las olas de una tempestad marina, cuando se dañan los
motores de un avión, los hombres se dividen en dos grandes grupos. Muchos
buscan con ansiedad a alguien que sepa, que ayude, que dé indicaciones buenas,
útiles, “salvadoras”. Otros (normalmente pocos) se consideran capaces de guiar,
de ayudar, de decir por dónde ir, qué hacer, cómo salir de los problemas.
Esta idea viene de Platón. La pone en labios de Sócrates en un diálogo titulado “Teeteto”. La idea, sin embargo, necesita ser complementada con una experiencia muy presente entre los hombres. A veces un presunto “salvador”, alguien que se las daba de médico, de ingeniero o de buen político, nos engaña y con el tiempo demuestra su incompetencia. En otras ocasiones, no aparece, no se encuentra, no existe ningún “salvador”.