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El mundo moderno está lleno de prisas y de seguridades. Tanto, que parece que Dios ha quedado excluido, arrinconado, entre las ideas que no importan.
¿Quién tiene tiempo para pensar en un Ser misterioso y lejano, cuando lo importante es revisar las cuentas del agua y de la luz, ir al trabajo, hacer la cita con el médico y hablar con los amigos?
Las noticias, además, nos ponen ante problemas muy graves o ante temas que apasionan: la subida del petróleo, el “calentamiento global”, el hambre en tantos países del mundo, la malaria, los avances tecnológicos.