Autor: Fernando Pascual
Antes del combate, las compañías avanzan. Unos, despreocupados. Otros, con temor y angustia. Otros, deseosos de gloria.
Empieza la batalla. La columna de heridos crece y crece, mientras queda atrás el ruido de las armas.
En esa columna de heridos caminan juntos los valientes y los cobardes, los ilusionados y los aburridos, los que buscaban botín y los que creían en la bondad de su causa.
Ahora les acomunan sus heridas. Unas más graves: son los transportados en camillas. Otras más leves: pueden caminar con dificultad, quizá apoyados sobre un compañero.