Autor: Fernando Pascual
En tiempos de Platón y de Aristóteles era claro el problema: a veces lo que parece bueno no lo es, y lo que es bueno no lo aparece. Aquí radica la distinción entre apariencias y realidades.
¿Se
puede aplicar lo anterior a los políticos? Si la aplicación es realizada
correctamente, encontraríamos que hay personas que parecen ser políticos sin
serlo, y personas que son políticos sin aparentarlo. Habría, además, personas
que no aparentan ser ni son políticos, y otros que lo son y lo aparentan.
El
asunto tiene miga, porque en la vida democrática recibe votos quien aparenta
ser político (bueno, en seguida añadimos), aunque no lo sea. Así puede ocurrir,
y ocurre, que personas incompetentes en economía, inexpertos en los asuntos
humanos, carentes del más elemental sentido de justicia, llegan a conquistar
más votos por sus apariencias y empiezan a gobernar desde el aplauso entusiasta
de sus partidarios.
La
realidad, tarde o temprano, sale a la luz. Aquel hombre que tantos votos
recibió legisla con arbitrariedad, adopta decretos que dañan la economía,
provoca tensiones absurdas, promueve injusticias, persigue incluso a las
personas honestas. En definitiva, destruye aspectos irrenunciables para una
sana vida social.
Alguno
dirá que es difícil que un incompetente logre aparecer como “bueno” y gane
votos. Desde la historia de un pasado no remoto, y desde la mirada a un
presente nada consolador, resulta más que evidente que a nivel local o nacional
hay quienes logran votos sin tener los requisitos irrenunciables para gobernar
a favor de la justicia y del bien común.
¿Es superable este peligro? Con gente más madura y más conocedora de los principios básicos de la justicia, con políticos honestos y sinceros, con medios de comunicación amantes de la verdad y con un agudo sentido crítico, sería posible evitar el daño que provocan los políticos aparentes y promover la atención hacia los políticos reales, los que llegan a comprometerse por el bien de la sociedad en general y de quienes forman parte de la misma en particular.