24 de mayo de 2013

¿Libertad reproductiva o eugenismo discriminatorio?

Autor: Fernando Pascual

Usar la palabra libertad para defender un crimen resulta extraño y contradictorio. Porque la libertad de un ser humano no debe convertirse en motivo para acabar con la vida de otro ser humano.

Por eso resulta paradójico que algunos invoquen la idea de “libertad reproductiva” para defender un presunto derecho de las mujeres para acabar con la vida de un hijo con defectos genéticos o de otro tipo.

Es cierto que nadie puede obligar a nadie a amar. Es cierto que a nuestro alrededor hay quienes causan molestias, algunas realmente graves, otras que merecen ser llamadas injusticias. Pero frente a quienes provocan daños no surge ningún derecho al asesinato. En los casos que lo ameriten, basta con acudir a los jueces para que restablezcan el derecho y castiguen a quienes lo merecen.

En cambio, ¿existe un derecho a acabar con la vida de un hijo cuando tiene defectos más o menos graves? Para algunos, por desgracia, la respuesta es afirmativa: la mujer tendría el derecho de decidir sobre la vida o la muerte del embrión o del feto que lleva en sus entrañas si teme que ese hijo nacerá enfermo y provocaría costos emocionales y sanitarios muy elevados.

Pero esa respuesta es falsa. Porque un derecho nunca se puede convertir en motivo para eliminar a un ser humano inocente, aunque esté enfermo y “provoque daños”.

Lo anterior resulta perfectamente claro para casi todos (no lo era en algún país europeo durante el siglo XX) respecto de los niños y adultos que sufren a causa de enfermedades más o menos graves. ¿Por qué no reconocemos que también el hijo no nacido, aunque tenga defectos, merece ser protegido y amado por su madre y por quienes pueden hacer algo a su favor?

En pocas palabras: no existe ningún derecho que permita destruir la existencia de aquellos seres humanos enfermos, indefensos y necesitados, que no han perdido su dignidad por encontrarse en una situación de minusvalía.

Por eso, es absurdo hasta lo grotesco considerar que la defensa de la vida de un hijo no nacido que está enfermo sea masoquismo o imposición arbitraria contra un inexistente derecho al eugenismo genético. No existe tal derecho, porque no puede existir ningún derecho a matar a los enfermos, ni antes ni después de su nacimiento.

Defender y tutelar la vida de un hijo genéticamente defectuoso no es un gesto masoquista ni va contra ninguna “libertad reproductiva”. Al contrario, es una de las señales más luminosas de humanización, de justicia y de auténtico sentido solidario, por reconocer y defender la dignidad de aquellos seres humanos que inician a existir en una situación de precariedad que interpela a todos, especialmente a sus padres y al personal sanitario.

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