30 de enero de 2017

Un Estado confesional

Autor: Max Silva Abbott

Se supone que de acuerdo a la mentalidad dominante en muchos sectores, el Estado debiera ser neutral en cuanto a lo que considera correcto, no pudiendo imponer ninguna “visión del mundo” a sus ciudadanos y debiendo, por el contrario, otorgar el marco jurídico para permitir que cada cual “desarrolle libremente su personalidad”, como suele decirse, dado el politeísmo valórico que impera en nuestras sociedades. En consecuencia, optar por alguna de las concepciones de sus ciudadanos sería discriminatorio respecto de las restantes.

Ahora bien, al margen de la imposibilidad real de una completa neutralidad del Estado (ya que de existir no podría tomarse prácticamente ninguna decisión, al requerir de elecciones basadas en valoraciones), lo que hoy está ocurriendo en muchos países dista mucho de este ideal, lo que de paso viene a demostrar su imposibilidad.

16 de enero de 2017

Es para hoy

Autor: Álvaro Correa

Decía Séneca que “La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy”.

¿No es una verdad lapidaria, válida para los coetáneos del filósofo cordobés hace veintiún siglos, como para los que hoy formamos la humanidad viviente?

Constatamos que pasan los años, se renuevan las generaciones y, sin embargo, todos tropezamos siempre con la misma piedra.

9 de enero de 2017

El cristianismo en pocas palabras

Autor: Fernando Pascual

El cristianismo surge desde una decisión de Dios. Dios ama, y crea. Ama, y acepta los riesgos de la libertad. Ama, y busca cómo redimir.

El Amor lleva a caminar hacia el hombre débil, enfermo, confundido, pecador. Busca cómo iluminar su mente, cómo curar su corazón, cómo librarlo del mal.

Ese mismo Amor impulsa a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a la aventura más grande y más sorprendente: la Encarnación del Hijo, desde la Voluntad del Padre y bajo la acción del Espíritu Santo.

2 de enero de 2017

Nuestros bellos defectos

Autor: Álvaro Correa

Cada defecto, propio y ajeno, pone nuestros pies en la tierra y nos recuerda que no somos ángeles, sino pobres hombres mortales, necesitados del amor de Dios y de la comprensión de nuestros hermanos.

Es importante aceptar los defectos como parte de nuestra persona y trabajar sobre ellos, de tal manera que sirvan como un poderoso imán para atraer gracias de Dios y, al mismo tiempo, para aplicar un trabajo virtuoso y perseverante de nuestra parte.