Autor: Fernando Pascual
Hay muchas maneras de dañar a una persona. La historia puede recordar toda una serie de instrumentos, “técnicas”, acciones agresivas, etc., que se han ido utilizando a lo largo de los siglos, en todas las culturas y en todos los rincones del planeta, pensadas para hacer daño, para herir, para matar.
La violencia física causa siempre una profunda impresión. Cuando nos toca ver a dos adultos o dos niños que se golpean rabiosamente, buscamos, por todos los medios posibles, separarlos. Notamos incluso que baja en nuestro corazón el nivel de sano orgullo que tenemos de pertenecer a la especie humana... No podemos quedar al margen de lo que pasa, de lo que haya ocasionado el conflicto: nos dolemos por ellos, y nos dolemos por nosotros, que quizá no hemos sabido ser constructores de paz.