Autor: Fernando Pascual
Hablar de milagros sorprende. En parte, porque la vida normalmente sigue unas leyes fijas que parece imposible quebrantar. En parte, porque no todo lo que es presentado como milagro lo es realmente.
En
parte, y aquí vale la pena detenernos, porque algunos suponen que el progreso
del saber ha desterrado por complejo los presupuestos indispensables para
aceptar un milagro.
Por eso hoy, como en otros tiempos, hay quienes sonríen escépticamente si escuchan a alguien hablar de milagros. No faltará quien susurre: ¿cómo es posible que en el siglo XXI alguien crea en los milagros?