21 de julio de 2014

Una clara señal



Autor: Max Silva Abbott

Revuelo ha causado en ciertos sectores académicos y políticos, la negativa chilena de aprobar la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre “Protección de la Familia” votada el 25 de junio último.

Esta iniciativa no vinculante, busca que el estado proteja a la familia ‘tradicional’ de manera sistemática, en atención a su rol insustituible en cualquier sociedad, al formar a los hombres y mujeres del mañana, de los cuales depende la continuidad de ese mismo estado. Sin embargo, Chile ha sido uno de los 14 países que ha rechazado la propuesta, pese a que lo que establece dicha resolución es asombrosamente similar a lo que señalan nuestras propias leyes.

La situación descrita presenta varias aristas, de las cuales se comentarán dos.


La primera, es que muestra un creciente malestar por parte de varios países, cansados de la presión del Primer Mundo occidental por imponer el matrimonio homosexual y, de manera más general, los derechos sexuales y reproductivos, todo dentro de la llamada ideología de género. Es por eso que ven con malos ojos este intento occidental (y ni siquiera compartido por todos los países que lo componen) de universalizar su particular modo de ver las cosas a todo el mundo, haciendo tabla rasa de sus distintivos culturales, pues parece evidente que redefinir la familia equivale a redefinir a una sociedad en su conjunto.

Con todo, debe tenerse en cuenta que esta resolución va contra corriente en el ámbito internacional (tanto de la ONU, la OEA y la UE) respecto de la postura mayoritaria pro género, y habrá que ver si toma fuerza en el futuro.

La segunda arista es interna, de cara al país: consiste en que actitudes como esta (y lo mismo puede decirse respecto del apoyo de la delegación chilena al llamado ‘derecho al aborto’ en la ONU hace algunas semanas atrás) muestran muy a las claras la agenda valórica del actual gobierno, que literalmente, quiere cambiarlo todo, en sintonía con esta corriente mayoritaria del ámbito internacional.

Por eso la actual situación debe ser tenida muy en cuenta para no engañarnos: tanto por presiones internacionales, como por modificaciones que pretenden hacerse –y en parte se han hecho ya– a nuestro orden jurídico interno, se quiere modificar profundamente nuestra sociedad.

Lo anterior es mucho más grave que las conocidas y debatidas reformas al sistema tributario y educacional, que tanto han llamado nuestra atención en los últimos meses. Aquí, con toda seguridad, puede hablarse no de una “aplanadora”, sino de una “retroexcavadora” que pretende cambiar totalmente la geografía cultural de nuestro país, fruto de una completa reingeniería social que está en marcha desde hace tiempo.

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