Autor: Fernando Pascual
Puedo salir de casa o quedarme a leer un libro. Puedo llamar a un amigo o dedicar este tiempo a un familiar. Puedo estudiar para actualizarme o ver un vídeo sobre la situación actual.
Ante
nosotros hay un número más o menos grande de alternativas. Algunas son casi
invisibles: no me pasa por la cabeza que puedo leer un buen libro de filosofía
porque nadie me ha hablado sobre él.
Otras alternativas son como un reclamo que me atraen con fuerza porque aparecen una y otra vez, como la propaganda que insiste en que sin esa computadora nueva no podré mejorar el rendimiento en mi trabajo.
Ante
las alternativas, entran en juego nuestras convicciones. Uno escoge esta vacuna
porque cree que es más segura, con menos efectos colaterales, y menos costosa.
Otro prefiere la otra vacuna, simplemente porque le gusta arriesgarse y porque
cree que así ayudará al progreso científico.
Ante
las alternativas, algunos piensan que estamos determinados a escoger unas y
descartar otras. Dicen, por ejemplo, que dependemos de las neuronas, o que
somos esclavos de lo que la sociedad nos ha impuesto.
Pero
incluso los que suponen que las neuronas condicionan y determinan las
elecciones humanas, saben muy bien que pueden decir “no” a ese deseo tan grande
que tienen de un helado para ofrecer un pequeño ahorro a una organización
caritativa.
Esa
indeterminación ante tantas alternativas surge precisamente desde nuestra mente
y desde nuestro corazón. Una idea concreta sobre el modo de adelgazar ayuda
mucho a la hora de seguir o no seguir la dieta. Un lazo de sangre lleva a
muchos a dejar de lado lo que ven como mejor para “perder” tiempo con ese
familiar necesitado de compañía.
Las
decisiones cierran puertas, dejan atrás algunas alternativas, y avanzan hacia
nuevas bifurcaciones, marcadas por el pasado, pero siempre indeterminadas,
respetuosas de nuestra libertad.
Ante
las alternativas que reconozca en este día, vale la pena un momento de
reflexión, en diálogo con Dios y con buenos amigos, para que el tiempo precioso
que ahora tengo pueda ser invertido en decisiones sanas que me ayuden en lo que
hace realmente bella nuestra existencia: amar y dejarme amar.
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