Autor: Fernando Pascual
En un tren, inicia un interesante diálogo sobre los progresos en algunas ramas de la medicina.
En un paseo, dos grupos de
excursionistas intercambian información, describen rutas alternativas, comentan
buenos resultados de esta o de aquella dieta.
En una sala de espera, dos
personas intentan comprender mejor las ventajas y los peligros de las redes
sociales.
A lo largo de la vida, diversos encuentros nos permiten dar y recibir, escuchar y hablar, compartir temas de interés común o abrir horizontes a argumentos hasta ahora poco conocidos.
No siempre los encuentros
desembocan en un diálogo fecundo: basta con ver cómo miles de personas en
trenes y autobuses no se saludan, o se limitan a pocas palabras en
interacciones mínimas.
Pero cuando un encuentro supera
el escalón de lo formal, entra en el terreno de la simpatía, y se abre a algún
interés común, se produce ese maravilloso fenómeno de un diálogo enriquecedor.
No siempre estaremos de acuerdo,
incluso a veces un encuentro genera incomodidades o discusiones más o menos
animadas.
Lo importante es tener
disposiciones interiores abiertas a la escucha y disponibles a compartir, de
forma que pronto aparezca un puente que nos permita hablar y escuchar.
Cada día tiene sus propios
encuentros. Serán intrascendentes si no se llega a ningún diálogo. Serán
enriquecedores si, desde la común humanidad y desde el interés por saber,
sabremos abrirnos al otro para ayudarnos en ese camino que nos acerca, paso a
paso, hacia verdades que iluminan nuestras vidas.
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