Autor: Fernando Pascual
Una de las estrategias típicas de las ideologías consiste en manipular
el lenguaje. Por ejemplo, cuando se evita sistemáticamente usar la palabra
asesinato cuando interesa que no aparezca.
Manipula el lenguaje el dictador sanguinario que intenta una y otra vez
no llamar asesinato a la eliminación de sus adversarios políticos. Dirá, por
ejemplo, que se trata de ajuste de cuentas, de daños colaterales, incluso de
sacrificio para lograr mejoras.
Omitir el uso de un término sirve para el triunfo de los propios intereses, pero nunca llega a destruir la realidad. Porque un asesinato sigue siendo un asesinato aunque se le llame de mil maneras diferentes.
El amor a la verdad y a la justicia lleva a llamar a las cosas por su
nombre, a evitar las manipulaciones del lenguaje, y a defender a las víctimas
ante cualquier tipo de violencia asesina.
Porque el primer requisito para ayudar a los inocentes consiste en
reconocer su situación y en dar a conocer lo que han sufrido por culpa de
quienes han usado contra ellos cualquier tipo de injusticia.
Mientras algunos han hablado o hablan de solución final, de limpieza
étnica, de etapa necesaria para el triunfo de la revolución, de eugenismo, de
lucha de clases, de interrupción del embarazo, y otros términos ideológicos,
quienes aman la verdad dirán que estamos ante el asesinato de inocentes.
Así será posible comprometerse seriamente para que ningún ser humano
sea eliminado (asesinado) entre tinieblas de mentiras, y para que cada uno,
desde que inicia a vivir hasta que llega su última hora, reciba el apoyo y amor
que todos necesitamos en nuestro caminar humano.
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