No resulta fácil aclarar las posibles relaciones entre felicidad, derecho y justicia. Ante un tema tan amplio, nos limitamos a una reflexión preliminar.
La palabra felicidad incluye una
dimensión subjetiva de quien llega a estar satisfecho cuando cree haber
alcanzado algo que consideraba como bueno para sí.
Aquí surge un serio problema. Una
persona cree que este viaje lo hará feliz. Después de varios días, sufre un
completo desengaño.
Otra persona se ha enamorado intensamente. Encuentra en la otra parte un rechazo absoluto. ¿Puede, entonces, el enamorado rechazado ser feliz?