Autor: Fernando Pascual
El mundo tecnológico quiere seguridades, promete garantías. Una nevera está asegurada por tres años, una computadora por un año, una caja de pastillas indica la fecha de caducidad, y un libro no nace sin haber recibido un número extraño y ser registrado en una oficina de derechos de autor, para que todo esté “bajo control”.
En el mundo de los médicos es cada vez más frecuente que el paciente tenga que firmar documentos que no entiende del todo. Firma que acepta que se registren sus datos en una computadora. Firma que sabe que tal operación tiene unos riesgos. Firma (quizá no muy seguro) que no es alérgico a este tipo de anestesia. Incluso alguna vez le pedirán que firme que, si muere, ni él (obviamente) ni su familia harán ningún juicio contra el hospital por los daños sufridos...
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