4 de junio de 2014

Papa Francisco en Tierra Santa: encuentro, paz y diálogo



Autor: Celso Júlio da Silva

El papa Francisco ha sorprendido el mundo con su maravillosa peregrinación a Tierra Santa. El momento fuerte de la visita fue, no cabe duda, aquel abrazo fraterno entre Francisco y Bartolomé I después de cincuenta años del abrazo fraterno entre Pablo VI y Atenágoras en 1964.

Sin embargo, la peregrinación del papa Francisco fue más allá de lo previsto. Con gestos impregnados de sentido, con palabras claras, sencillas y directas, con la sonrisa natural que le caracteriza, Francisco supo encontrarse y dialogar con el mundo de la política y de las religiones, respetando y pidiendo respeto. En primera persona, impulsó las exigencias de la Nueva Evangelización en la dimensión social contenidas en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”.


Los pasos firmes de Francisco por la Tierra donde Jesucristo caminó demuestran tres características importantes del Santo Padre: es el Papa del encuentro, el Papa de la paz, y el Papa del diálogo.

1. El Papa del encuentro

Francisco se dirigió a Tierra Santa como peregrino para encontrarse con la realidad de aquella tierra en la que tres religiones monoteístas buscan una convivencia armónica y pacífica. Saliendo al encuentro de cada hombre, estrechando la mano tanto de los ricos como de los más pobres y sufrientes, nos recordó que somos peregrinos en esta tierra y que-esto es importante-peregrinamos juntos. De antemano no quiso un papamóvil blindado y cerrado, sino abierto, para estar en medio de la gente, como Pastor de la Iglesia de Jesucristo “con olor a oveja”.

Francisco está siendo el Papa del encuentro que abraza los sufrimientos y las alegrías, los sueños y las esperanzas de toda la humanidad. Abraza la vida real de la gente, haciéndose cercano y especialmente un verdadero amigo. Es el Papa del encuentro porque es el Papa Amigo. Jamás olvidaremos las imágenes de los gestos más bellos de Francisco, “son los mejores gestos porque salen espontáneos” (comentó Francisco a la prensa durante el vuelo de vuelta a Roma). Cuando oró delante del muro que separa Israel y Palestina, oró allí con el sufrimiento de aquel pueblo. También escuchó y compartió la vida y el dolor de los refugiados e discapacitados, sobre todo de los niños.

No nos olvidaremos de aquel abrazo tan significativo delante del muro de los lamentos, abrazo entre cristianos, judíos y musulmanes, un gesto que nos dice claramente que no existe nada que impida el respeto y el aprecio entre tres religiones que adoran a Dios Creador del cielo y de la tierra. Una vez más, la cultura del encuentro cultivada con humildad, alegría, solidaridad por el papa Francisco en persona es una invitación para romper la cultura del individualismo y del egoísmo que predominan en nuestra época y en nuestra sociedad, mostrando que la Nueva Evangelización de parte de la Iglesia consiste en la Iglesia en salida, con valentía y con un nuevo e impulsado dinamismo.

2. El Papa de la paz

Las palabras del Evangelio están profundamente enraizadas en el corazón de Francisco: “bienaventurados los que promueven la paz” (Mt 5.9). La paz es un trabajo artesanal, se construye cada día. Cuántas industrias de guerra y de armas surgen hoy en nuestro mundo, mientras “no existen industrias de paz”-aclaró el Pontífice- pues la paz depende de cada uno desde lo más hondo del corazón: “vencer el mal con el bien”. La paz es un arte que “no consiste en el silencio de las armas, no es contener para no llegar a una guerra”. Es difícil y triste tener que cargar un arma para defenderse y matar, pero es más difícil aún abrir el corazón y suplicar con humildad la tan anhelada paz que este mundo necesita. Por eso, el papa Francisco es un valiente, un promotor incansable de la paz.

El grito ensordecedor del dolor y del sufrimiento que surge desde aquellas tierras llegó al corazón del Papa y a los gobernantes tanto de Israel como de Palestina. A ellos dirigió una invitación de paz: “desde lo más profundo de mi corazón… deseo decir que, por el bien de todos, ya es hora de poner fin a esta situación, que se vuelve cada vez más inaceptable… Llegó el momento de que todos tengan la audacia de la generosidad y la creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, de parte de todos, del derecho de dos Estados de existir y de disfrutar de la paz y de la seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente” (Discurso a las autoridades Palestinas, 25 de mayo de 2014). También en Tel Aviv (Israel) suplicó: “deseo hacer una invitación al señor presidente de Palestina Mahmoud Amas para rezar por la paz. Ofrezco mi casa en el Vaticano para acoger este encuentro de oración… Construir la paz es difícil, pero vivir sin paz es un tormento” (Discurso en la ceremonia de bienvenida, 25 de mayo de 2014).

Respecto a una convivencia pacífica y respetuosa entre judíos, cristianos y musulmanes el Papa no pensó dos veces en decir que “se debe rechazar firmemente todo lo que se opone al objetivo de la paz y de una convivencia respetuosa entre judíos, cristianos y musulmanes: el recurso a la violencia o a las manifestaciones de intolerancia contra personas o lugares de culto judíos, cristianos y musulmanes”. Y concluyó: “paz a Israel y a todo Oriente Medio. Shalon!” (Discurso al presidente Shimon Peres, 26 de mayo de 2014). Al llevar con el corazón un ardiente deseo de paz, Francisco puso en práctica lo que él mismo escribió en la Evangelii Gaudium: “a tal finalidad es necesario confiar el corazón al compañero de camino sin sospechas, sin desconfianzas, y, sobretodo, mirar aquello que todos buscamos: la paz en el rostro del único Dios”.

3. El Papa del diálogo

En un mundo cada vez más individualista y cerrado a las propias ideas y convicciones personales, el papa Francisco ha mostrado que es posible realizar un diálogo amigable y respetuoso, a pesar de las diferencias de ideas, de creencias, de puntos de vista y de tradición religiosa. No sintió ningún temor al acercarse y dialogar como un amigo y como un hermano tanto de judíos como de musulmanes y supo valorar y respetar la riqueza de ambos. “La verdadera apertura implica mantenerse firmes en las propias convicciones más profundas, con una identidad clara y gozosa, pero abiertos para comprender las convicciones del otro y sabiendo que el diálogo puede enriquecer a todos. De nada sirve una apertura diplomática, que dice sí a todo para evitar los problemas, porque sería una manera de engañar al otro…” (Evangelii Gaudium).

En este caso, fue de enorme relevancia la visita del Papa a la Explanada de las Mezquitas, y justas fueron las palabras conclusivas dirigidas a la comunidad musulmana: “queridos amigos, desde este lugar santo lanzo un vehemente llamamiento a todas las personas y comunidades que se reconocen en Abraham. Respetémonos y amémonos los unos a los otros como hermanos y hermanas. Aprendamos a comprender el dolor del otro. Que nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia. Trabajemos juntos por la justicia y por la paz. Salam!” (Discurso al Gran Muftí de Jerusalén en la Explanada de las Mezquitas, 26 de mayo de 2014).

El Espíritu Santo, en el fondo de este intento de diálogo y de apertura, sigue soplando donde Él quiere. El papa Francisco, guiado por este Espíritu, está sabiendo descubrir esa maravilla, dialogando con las diversas realidades, reflejando con el propio testimonio lo que es una Iglesia en pleno Pentecostés, siempre en salida, en misión, reconociendo que la paz y el respeto, especialmente en la convivencia interreligiosa, son posibles.

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