En su obra “Embajador en el infierno”, Torcuato Luca de Tena recoge la sencilla explicación sobre la dignidad de la mujer que ofreció el capitán Teodoro Palacios Cueto (1912-1980), prisionero en Rusia entre 1943 y 1954, a un mujer rusa que trabajaba en el campo.
“Un día, una (muchacha rusa) me dijo:
—Antes yo creía que no había más hombres que los rusos. Después conocí a los extranjeros. Parecéis de otro mundo…
Y yo le hablaba de ese otro mundo donde el hombre mira a la mujer no ya como un instrumento de placer que se desprecia una vez usado, sino con un sentido reverencial, por ser la mejor obra salida de manos del Creador.









