Autor: Eugenio Martín
En la ciudad de Morelia, México, hay una
estatua del Sr. Enrique Ramírez montando en bicicleta. Parece que le gustaba
repetir la famosa frase atribuida a Albert Einstein de que la vida es como
andar en bicicleta. Hay que atreverse a subirse en ella, nunca dejar de
pedalear mirando hacia delante y, gracias a ello, mantener el equilibrio. Creo
que para avanzar en muchos caminos hoy en día se ha vuelto más esencial y
complicado eso de mantener los equilibrios.
Desde el momento en que el ser humano
pasó de una actitud de mera observación del universo a la de su posible
transformación, derivó en una relación ambivalente con el mundo que le rodea.
En efecto, gracias a la desacralización de la naturaleza y a la introducción de
la matemática, se dio en la edad media el nacimiento de la ciencia moderna. La
experimentación, medible y repetible, favoreció el desarrollo de las ciencias y
de la técnica para mejorar las condiciones de vida del hombre sobre la tierra.
Pero surgió un problema aún mayor: ¿qué uso hacemos de estas ciencias y
técnicas? ¿De verdad todo avance en las mismas se puede considerar progreso humano?
¿existe algún criterio que nos ayude a delimitar cuándo el progreso corre el
riesgo de volverse contra el mismo hombre?



