Autor: Max Silva Abbott
Hoy en día, los llamados “derechos humanos” dan para todo. Es cosa que
cualquier aspiración, por rara, absurda, chocante o arbitraria que sea se
disfrace con la categoría de “derechos humanos”, para que casi por arte de
magia, se imponga o intente imponerse de forma arrolladora y sin
consideraciones a muchas otras aspiraciones legítimas o a verdaderos derechos.
El problema se agudiza, sin embargo, porque fruto de haberse perdido en
buena parte de nuestras sociedades cualquier referencia a una ley natural, qué
es considerado correcto, justo o debido varía notablemente entre unos y otros.
Por tanto, una cosa que debe tenerse muy en claro es la siguiente: no porque
ciertos sectores enarbolen alguna aspiración como un “derecho humano” eso
significa que se trate de un clamor popular, de un anhelo mayoritario que puja
hace mucho tiempo por ser reconocido o de algo evidente. Muy por el contrario:
en una época en que somos “extraños morales” (al punto de no estar de acuerdo
en aspectos fundamentales sobre el bien y el mal), todo, absolutamente todo
puede terminar convirtiéndose en un “derecho humano”.




