Por un monte de olivares y viñedos
Descendiendo por la pétrea escalinata
Viene esplendido el señor del orbe entero
El señor de los egipcios, de los griegos y germanos
El esplendido Tiberio que posee entre sus manos
Al Oriente enfurecido y al Poniente dominado.
A los pies de la montaña
Se dilata el mar Tirreno
Y en sus aguas oscilantes
Un bajel aguarda al rey.





















