Autor: Álvaro Correa
Fuente: Curiosidades y bendiciones
Alguien dijo que, desde que se inventaron los relojes, existe la puntualidad. Esta noble actitud de estar presente en el momento y lugar debidos demuestra un apreciado grado de cortesía, de respeto y de responsabilidad.
Es verdad que flotan comprensibles quejas por la llamada “puntualidad asimétrica”, es decir, aquella en la que una parte es la exigida tajantemente, por ejemplo: si te retrasas unos pocos minutos para una cita médica, legal, administrativa, etc., es posible que la pierdas –en razón de los turnos-, y, por el contrario, puede darse que debas esperar horas para tu cita y que ésta se retrase sin que nada ocurra. Es un problema social que se baraja.
A nivel personal, de tu reloj y del mío, qué valioso ser puntual a una cita acordada. No es tanto una cuestión de agenda, sino de atención a uno mismo y de delicadeza en el trato con los demás. En este sentido, es mejor llegar quince minutos antes que hacer esperar a otra persona, aunque sea unos segundos.











